A medida que pasaban los días me iba quedando sin creatividad. Creo que estoy en esa etapa en la cual mi infancia interna está sobreviviendo a todo proceso de pasar de una adolescencia a una adultez (bien) temprana. Entre tantas historias de mi diario vivir, me quedó con una que es en términos estrictos "Tragicomica".
Todo esto empezó con la necesidad de coser unos pantalones que tenía guardados en mi armario, con el fin de poder ir a mi "querido" trabajo. Todo comenzó por la premisa de que no había aguja, ni hilo. Preguntándole a mi madre donde había (porque las madres tienen ese don de saber donde está todo?, pero mi mamá solo a veces), y me entrego hilo y aguja, let's see!
Acá empiezan la serie de premisas en donde una costurera me exilia de este planeta:
1) se parte enhebrando la aguja del modo más "guachaca" posible, salivando el hilo. Al primer intento pude hacerlo sin mayor inconvenientes.
2) empezar a hacer el circuito del coser: lo llamo así porque hay patrones para coser la ropa rota. Yo no sigo ningún patrón, empecé muy bien. Sin embargo empecé a pensar que me faltaría hilo, apurándome lo que más pude, siendo que me sobro mucho hilo (y te surge la pregunta de que hacer con tanto hilo), me las di de artista y seguí cosiendo perdiendo todo patrón de costura posible,finalizando una obra MUY abstracta.
Una vez terminado todo, llegué a la conclusión de como aprobé los ramos de artes manuales, como puedo calcular mal el hilo, y que el arte del coser no es lo mío... lo mío es ir viendo unicornios y como te abducen los marcianos día a día.
Gracias y buenas noches!
